Esa
manía por poner fecha, por hacer de todo un número. Pasaron 12 días, 34 días,
129 días, 230 días, 364 días.
Le ponemos a todo un número.
Hacemos analogías idiotas como “9 meses, un embarazo” o “18 años, un adulto”.
Ponemos
número, días y horas, como si eso fuera a alivianar el dolor.
Cada
día me duele como el primero.
Todos los días me levanto de la
misma manera con una esperanza que se desvanece en los primeros 2 minutos,
antes de que pueda abrir bien los ojos.
Todos los días me acuesto de la
misma manera con una tristeza y un dolor que me lastima, duermo así, despertándome
a cada rato porque la culpa o no sé qué que me dice que no duerma, que si volves me
vas a encontrar durmiendo, como resignada.
A veces
escucho un ruido imagino que sos vos, en realidad se que es el viento y mi
persiana rota pero me gusta mantener los ojos cerrados sólo para sonreír un
rato.
Si volves
no me dormí hace mucho. Te estoy esperando, sólo que mi cuerpo no sigue el
ritmo de mi alma. Ella siempre está dispuesta, despierta y atenta, mi cuerpo es
más frágil, sufre el cansancio, las jaquecas y otras tantas mierdas.
Si
acaso llegas y me ves dormida sabe que voy a estar soñando que al levantarme
vas a estar sentado, leyendo el diario, con dos medialunas esperándome. Así que
si llegas, esperame.





