lunes, 30 de julio de 2012

Ilusión


La primera mentira: decirle al otro que estamos dispuestos a cambiar
La segunda: creer que estamos cambiando
La tercera: decirle que ya cambiamos


Esta vez va a ser distinto nos prometemos primero en voz alta para mentirle un poco al otro, y después, lo que es más aún más triste, para adentro, para mentirnos un poco más a nosotros mismos.
            Nos prometemos cosas que ninguno puede ni quiere cumplir. Ya no sé si es ignorancia, inoperancia o simplemente maldad. Tampoco se de quien depende esto. Sólo escucho en nuestra voz el tono más mentiroso disfrazadas en ternura, en ilusión y en miedo.
          
            Una sola pregunta nos resuena en la puta cabeza: ¿Qué paso que el tiempo paso y ni él puede explicar lo que nos sucedió, que ni nos miramos, ni nos llamamos, no nos conocemos y nos extrañamos?
            Nos queremos, sólo porque no podemos odiarnos, sólo porque nos cuesta más la segunda opción. Nos extrañamos porque debemos, o sentimos que debemos.

miércoles, 11 de julio de 2012

El agua



Escucho un ruido… “es un puto pájaro ¿para que existen esos bichos?”
Buen sábado, así arranca.
Miro la hora, no me puedo mover, veo en la mesita de luz una botella de agua, no sé porque le digo “mesita”, va debe ser por las dimensiones,  que claramente no comprendo porque la lleno de cosas, revalsan, se caen,  supongo que anoche la traje no la mesita, el agua, empiezo a tomar, no me calma la sed, no me hace sentir mejor ni peor, pero es un poco la rutina. Miro la hora 15:45. Algo no está bien, dicen que el mediodía es a las 12, pero para mi recién arrancaba la mañana.
Apoyo un pie en el piso, mala idea, me vuelvo a acostar. 17:23 parece un mejor horario, mi celular me devuelve eso: la hora y 3 llamadas perdidas. Mi vieja. Veo mensajes de números desconocidos y de amigas pero aún así no entiendo de lo que hablan, hacen referencias a cosas que desconozco, un par de “¿y qué tal esa mañana?” me recuerdan que hoy a la noche sigue todo.
Voy a la cocina, me mareo, me pasa por delante todo, esas tres botellas vacías dan el peor olor, un olor a que hoy a la noche todo sigue.
Me voy con unas galletitas criollitas, no sé si me gustan, pero anoche tampoco lo sabía, además son de agua, necesito agua creo, alguien me dijo eso. Me siento en el sillón, me duermo creo o no sé qué pasa que vuelvo a mirar la hora y son las 21:34.
“¿Qué hacemos hoy?” es lo voz de una amiga la que saca mi primeras palabras. “Vengan a casa y vemos” con un entusiasmo tan fingido que da asco, no puedo más, pero sigo, porque todo sigue igual.
Me levanto, tiro las botellas, fumo un pucho en el balcón, algo me dice que ayer tenía el atado entero y ahora solo quedan dos, y ese algo es una foto porque no hay mucho recuerdo.
Me preparo una hamburguesa, está cruda la veo, veo que sigue cuasi congelada, pero ya esta, está adentro mío, ahora me baño.
Tocan el timbre: “¡esaaaaaaaaaa! ¿Qué hacemos hoy?”
Y nada todo sigue igual, mientras acomodan las botellas llenas en mi mesa yo llevo una de agua también llena a mi mesita de luz, presiento que va a ser un domingo parecido.

jueves, 5 de julio de 2012

La guerra


Nadie sigue igual después de atravesar una guerra.
Nacimos con la guerra. Ellas construyeron nuestros países, ellas los fueron modificando, ellas los seguirán lastimando. Donde sea que hayas nacido, tu país seguramente vivió una guerra, sufrió una.
Enviamos soldados, nos devuelven, en los mejores casos, héroes y para desgracia de esas madres que lloraron sus partidas nos devuelven muchas veces cajones, con una cruz, una estrella o un lo que sea sobre la bandera. Aquellos que vuelven sin vida, sin dudas no serán los mismos, es más dejaron injustamente  de ser. Aquellos “afortunados” por así decirlo, o estrategas, habilidosos, esos que vuelven con vida, y con condecoraciones, esos, tampoco son lo mismo que eran.
Ver, escuchar, sentir, la muerte de otro cambia. Vuelven con heridas que nosotros, los que nunca fuimos a la guerra podemos ver. Vuelven amputados, sordos de tantas explosiones, y con cicatrices que albergan más de mil anécdotas. Esas son las heridas que vemos nosotros, los que sólo podemos ver lo superficial. Ahora, hay otras heridas, heridas que solo ellos pueden ver, pero muchas veces no quieren, el dolor es tan profundo que prefieren cegar los ojos del alma.
El dolor de perder un amigo, el dolor de ver cómo queda atrás alguien con quien conviviste, el dolor de matar a alguien que tiene tu edad, un color de pelo parecido, es más, te hace acordar a alguien cuando lo ves, ahí, tieso sobre la tierra, se podría decir que es igual a vos… sólo una cosa los diferencia, la bandera que los mando allí.
¿Hay cura? Hay heridas que no tienen sanación, que nadie puede curar ni el mejor cirujano, ni el mejor psicólogo. Son heridas tan profundas que ni el tiempo, ni el olvido, ni siquiera un alzhéimer violento  podrán hacer olvidar.
Luego están los otros, los que no van, los que viven la guerra desde una televisión, una radio o un diario. ¿La viven?  ¿Y sus heridas? Esas heridas que se van generando minuto a minuto, con cada informe sobre la guerra, cada nombre de caído es un alivio con culpa, respira la señora cuando escucha: “no es mi hijo” piensa y luego la culpa la mata, ese también es hijo de alguien.
Las heridas las genera en este caso el no poder hacer nada, el ser espectador del peor show de la humanidad. El asesinato. Cada víctima es un número, un número frío y doloroso.  La gente continúa su vida, desayuna, lee el diario, va al trabajo y ahí en medio de la hora pico con el tráfico que demora, en un embotellamiento se insulta, se queja y se piensa egoístamente que dura es la vida. Como para entretener se prende la radio y ahí se escucha un número que duele, un número que nos recuerda: estamos en guerra.
Otra vez la culpa mata, millones mueren de las maneras más terribles, con las balas más cobardes disparadas muchas veces sin saber bien por qué, y nosotros, nos quejamos del tránsito.
Comenzamos a vivir con culpa. Miles mueren, otros miles toman helado en la calle. Prometemos entonces para alivianar nuestra culpa no olvidar a esos héroes, los que vuelven con vida y aquellos que han sido perpetuados jóvenes. Pero… a veces, y en el mayor de los casos una nueva guerra nos hace olvidar a los héroes pasados.
La guerra nos marca. Nos marca a todos. Los niños nos preguntan con tanta ingenuidad y de manera tan sincera por qué nos matamos entre todos, por qué no, cada uno vive en paz. Y no sabemos qué responder, porque básicamente nosotros nos seguimos preguntando lo mismo.
Así es, la guerra nos marca a todos.

lunes, 2 de julio de 2012

Escuchar imaginario.

-           -  Y te vine a ver porque te note mal… ¿Cómo estás?
-          -   Ja… bueno gracias, eh… no sé bien, no quiero ser egoísta… ¿vos?
-          -   ¿Yo? Bueno viste como es esto, nada una mierda, hoy quise usar la impresora, no tenía tinta la impresora de mierda esa que hay en mi casa, porque claro, en mi casa la impresora la usan todos, casi hasta el pelotudo del perro, pobre no le quiero decir pelotudo a él que lo re amo, viste, mira acá tengo la foto en el celular, pero digo pelotudo porque mi vieja siempre me dice a mí: “pasea al perro… que es tu perro”… con ese tonito tan de madre, y si, si es mi perro ya lo sé, pero también es de mis hermanos, y a ellos… claro a ellos nunca nada, como la tinta todos usamos ahora cuando la boluda necesita ¡pum! no hay, y la boluda soy yo, que sabes porque soy boluda ¿no?, porque me preocupo por todo el mundo, ando escuchando, comparto, y de tan buena me paso lo de la ley viste… la del buenudo me toman por boludo, y nada que ver, pero ahora no tengo tinta, tengo que pasear al perro, y cuando hago este reclamo en casa nadie me escucha ¿sabes lo feo? ¿lo angustiante que es tener un problema y que nadie te escuche?... nada una cagada, nadie que te escuche y viste… a uno le gusta a veces compartir los males, pero no porque es egoísta, porque vos sabes bien que si hay algo que no soy en este mundo es egoísta, y eso que está lleno de egoístas porque si no fuera así yo hoy tendría impresora en mi casa… pero no, no tengo va, impresora tengo, mira la de disparates que digo, como se nota que estoy mal…. Esto es angustia…. Tinta no tengo, tinta, la impresora a menos de que no se, alguien se la haya llevado debe seguir ahí, pero viste como es todo, 4 horas buscando la abrochadora el otro día ¿Dónde estaba? La uso mi viejo, y la dejo en cualquier cajón, claro, después a uno lo retan… “las cosas guardalas donde van que después no las encuentro” si, 4 horas, 4 horas de mi vida perdidas en buscar algo que si la gente no fuera egoísta no pasaría, o por lo menos que te escuchen viste… “¿nadie vio la abrochadora?” como una boluda, y a nadie le importa, porque es así…. Si no es el problema de uno no le importa, a menos viste, la gente como yo, vos me conoces de chica, siempre fui igual, escucho, me preocupo, para que… para nada, porque no tengo ni tinta, perdí cuatro horas y tengo que pasear al perro… y es así, y todo con esta sensación de que nadie me escucha…
-          -  …
-          -  Bueno, me alegro que estes bien, te traje un chocolate, nos vemos.
-          -  …. nada... pasaron casí 40.

jueves, 28 de junio de 2012

35 días


                 
            Esa manía por poner fecha, por hacer de todo un número. Pasaron 12 días, 34 días, 129 días, 230 días, 364 días.
               
 Le ponemos a todo un número. Hacemos analogías idiotas como “9 meses, un embarazo” o  “18 años, un adulto”.
               
             Ponemos número, días y horas, como si eso fuera a alivianar el dolor.
              
            Cada día me duele como el primero.

Todos los días me levanto de la misma manera con una esperanza que se desvanece en los primeros 2 minutos, antes de que pueda abrir bien los ojos.

Todos los días me acuesto de la misma manera con una tristeza y un dolor que me lastima, duermo así, despertándome a cada rato porque la culpa o no sé qué que me dice que no duerma, que si volves me vas a encontrar durmiendo, como resignada.
                 
             A veces escucho un ruido imagino que sos vos, en realidad se que es el viento y mi persiana rota pero me gusta mantener los ojos cerrados sólo para sonreír un rato.
                 
             Si volves no me dormí hace mucho. Te estoy esperando, sólo que mi cuerpo no sigue el ritmo de mi alma. Ella siempre está dispuesta, despierta y atenta, mi cuerpo es más frágil, sufre el cansancio, las jaquecas y otras tantas mierdas.
                 
           Si acaso llegas y me ves dormida sabe que voy a estar soñando que al levantarme vas a estar sentado, leyendo el diario, con dos medialunas esperándome. Así que si llegas, esperame.
               

lunes, 25 de junio de 2012

Un abrazo.

    Y cada tanto uno necesita un abrazo profundo en el alma. Un abrazo que muchas veces no encontramos entonces buscamos el chocolate no tanto porque creamos que sea el "remedio para el alma", sino porque lo venden en los kioscos, o pasar todo el día en pijama porque lo vimos en una pelicula yankee o peor aún escuchar música que te haga feliz.
     Pero bueno, igual con todo eso, nos sigue faltando siempre lo mismo: un abrazo profundo en el alma.



un abrazo profundo en el alma

domingo, 17 de junio de 2012

Tercer domingo de junio.


Cuando un niño agarra por primera vez el dedo de su padre, lo tiene atado para siempre.


            Hace más de 20 años que te recibiste, que te ganaste el título ¡Felicidades!
¿Será verdad? ¿Tendré tu dedo agarrado para siempre? ¿Lo abre agarrado alguna vez?
            Mi hermana me despierta acelerada: ¡Dale nena!, me grita con sus 15 años, 15 años no de ahora, los de antes, lo de los 90. Ese nena de programa de Cris Morena todavía resuena en mi cabeza. Para ella era súper canchero, para mis viejos irritable, para mi admirable.
            Me baja por las escalaras casi a los empujones, me apura, para mí el tiempo no tiene mucho sentido todavía yo tengo recién 8 años. Miro la cocina con intención de sentarme en la mesa, así como cada mañana antes de ir al colegio, dispuesta a tomar el líquido que me pongan en la tasa y salir.
            Pero esta vez hay algo distinto. Está mi hermano exprimiendo naranjas “¿Qué estará haciendo me pregunto? Me dan ordenes los dos, mi hermana con sus 15 lleva la batuta y mi hermano con sus 13 delega las ordenes a mí, igual bajito para que la policía quinceañera no nos escuche. 
            Escribí tu nombre en el dibujo”. No hacía falta ese garabato tenía ya mi nombre en cada trazo, y con cada línea infantil había dicho mucho más que de lo que hoy puedo decir en una carta.
            Mi hermana parecía grande ese día, mi hermano parecía serio. Éramos una empresa, una empresa familiar.
            Vi la carta que le había hecho mi hermana, llena de palabras, me aburría. Mi hermano otra vez lo mismo, una historieta que poco tiene que ver con ser padre o ser hijo, sólo de humor. ¡Cuánto dirían estas cosas en un futuro!
            El jugo estaba terminado, parecía rico, quise probarlo, no me dejaron. Los dos gritaron; ¡No! No es para vos…” Yo lo sabía eso, pero sólo quería un poquito un poquitito.
            Ahí estaba terminado. La bandeja: con un vaso de jugo recién exprimido, un café, una porción de torta comprada especialmente, medialunas, bombones (no se en que lógica estaba basado ese desayuno), y tres cartas. El dibujo, el comic, y la carta propiamente dicha.
            Nos miramos como orgullosos de nosotros mismo, nos hicimos señas de ser sigilosos, agarramos una bolsa que nos dio mi mamá, después me enteraría que tenía un sweater, que aburrido pensé en ese momento; siempre que alguien me regalaba ropa a esa edad me parecía anticuado.
            Subimos en silencio, ahora que recuerdo los escuche hablar, abrimos la puerta al grito de ¡Feliz día!. Ambos parecían dormidos después con los años también me enteraría que esa fue una de las primeras actuaciones de las tantas que vendrían.

¡Feliz día padres!