Cuando un niño agarra por primera vez el dedo de su padre, lo tiene
atado para siempre.
Hace más de 20 años que te
recibiste, que te ganaste el título…
¡Felicidades!
¿Será verdad?
¿Tendré tu dedo agarrado para siempre? ¿Lo abre agarrado alguna vez?
Mi hermana me despierta acelerada: “¡Dale nena!”, me grita con sus 15 años, 15 años no de
ahora, los de antes, lo de los 90. Ese “nena” de programa de Cris Morena todavía
resuena en mi cabeza. Para ella era súper canchero, para mis viejos irritable,
para mi… admirable.
Me baja por las escalaras casi a los
empujones, me apura, para mí el tiempo no tiene mucho sentido todavía yo tengo
recién 8 años. Miro la cocina con intención de sentarme en la mesa, así como
cada mañana antes de ir al colegio, dispuesta a tomar el líquido que me pongan
en la tasa y salir.
Pero esta vez hay algo distinto. Está
mi hermano exprimiendo naranjas… “¿Qué estará haciendo me pregunto?” Me dan ordenes los dos, mi hermana con
sus 15 lleva la batuta y mi hermano con sus 13 delega las ordenes a mí, igual
bajito… para que la policía
quinceañera no nos escuche.
“Escribí tu nombre en el dibujo”. No hacía falta ese garabato tenía ya mi
nombre en cada trazo, y con cada línea infantil había dicho mucho más que de lo
que hoy puedo decir en una carta.
Mi hermana parecía grande ese día,
mi hermano parecía serio. Éramos una empresa, una empresa familiar.
Vi la carta que le había hecho mi
hermana, llena de palabras, me aburría. Mi hermano otra vez lo mismo, una
historieta que poco tiene que ver con ser padre o ser hijo, sólo de humor. ¡Cuánto dirían estas cosas en un futuro!
El jugo estaba terminado, parecía
rico, quise probarlo, no me dejaron. Los dos gritaron; “¡No! No es para vos…” Yo lo sabía eso, pero sólo quería un
poquito… un poquitito.
Ahí estaba terminado. La bandeja:
con un vaso de jugo recién exprimido, un café, una porción de torta comprada
especialmente, medialunas, bombones (no se en que lógica estaba basado ese
desayuno), y tres cartas. El dibujo, el comic, y la carta propiamente dicha.
Nos miramos como orgullosos de
nosotros mismo, nos hicimos señas de ser sigilosos, agarramos una bolsa que nos
dio mi mamá, después me enteraría que tenía un sweater, “que aburrido” pensé en ese momento; siempre que alguien
me regalaba ropa a esa edad me parecía anticuado.
Subimos en silencio, ahora que
recuerdo los escuche hablar, abrimos la puerta al grito de “¡Feliz día!”. Ambos parecían dormidos… después con los años también me
enteraría que esa fue una de las primeras actuaciones de las tantas que
vendrían.
¡Feliz día padres!

sos lo mejor cechilia!
ResponderEliminarjuguemos a ser la familia feliz cada tanto
ResponderEliminar