Dame un motivo.
Todas las mañanas me levanto pensando, va mentira, nunca me levanto pensando. No pienso.
Cada tanto, cada una hora, cada 43 minutos, cada 2, se me pasa por la cabeza la misma puta escena.
¿Dónde estas? ¿Dónde estamos? ¿Qué paso? ¿Quién paso?
No lo sé, no tengo respuestas para nada. Ni para eso, ni para el por qué, ni para el dónde, ni para tantas cosas que hoy me molestan cuando me acuesto a dormir; cuando duermo sobría por supuesto.
7 días, no se cuantas horas, y bla bla bla. En todo ese tiempo, que supungo que es mucho, busco motivos.
No encuentro.
¿Hay motivos?
No lo sé.
Busco motivos para llamarte, imagino situaciones:
"Hola... ¿Cómo estas? Te extraño" o la menos real, pero tal vez la que puede tener más impulso y algún día salir de mi cabeza: "Hola... ¿Cómo estas? Andate a la puta que te pario"
Ninguna ocurre.
Ninguna va a ocurrir.
No porque no encuentre motivos. Siempre hay: el amor, el odio, el enojo, la necesidad... no, no por eso.
Sino porque tengo miedo. Miedo a que yo encuentre motivos para llamarte y vos no encuentres motivos para atenderme.

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