La vida es una caja.
Una vez más. Una vez menos.
Más mudanzas que mascotas, más mudanzas que hermanos, más
mudanzas que series que seguí en televisión, más mudanzas que biromes que perdí
este mes. Menos que libros que leí, menos que chistes que no entendí, menos de
la cantidad de veces que me puse colorada.
Las mudanzas tienen ese no se qué… de mierda. Es meter toda tu
vida en una puta caja, y que además tienen que cerrar. Muchas cosas de esta
vida no cierran, muchas decisiones que tomamos no cierran, ahora la caja tiene
que cerrar, debe cerrar, cierra.
Cada mudanza es más fácil son menos cosas, el tiempo hace que
los recuerdos se devalúen. Souvenir de la 1° comunión de un primo sobrevivió 3,
la 4ta nos pareció que ya no entraba. Boletines de primaria de todos
mis hermanos, esos resistieron, pero en la 6ta fueron a parar a una
bolsa negra, no la misma que antes, una que tendría un destino aún más frío si
se podía. Osos de peluches… pobres, los primeros exterminados, 2da
mudanza y donar, chau osos, chau barbies, chau autitos, chau todo. Frasquito de
un perfume vació porque era especial ese que te lo regalo, tacho especial, que
es un tacho igual que todos pero cuando despedís la basura miras con nostalgia
y lo haces en slow motion.
Eso se hace. Eso se tiene que hacer. No entra, no, no entra
todo en la caja y hoy lo emotivo si quiere que venga en la memoria, sino… lola.
La ropa de invierno, la de verano, en distintas cajas, así
dependiendo de la estación las abrimos o las dejamos que se aburran durante
meses para entrar en crisis cuando algún noticiero matutino barato diga por 6ta
vez “día más frío del año”
Así es, esa es la vida en la mudanza. Una caja en la que entra
todo, y si no entra… chau, no entraste. Lo que antes estaba en tu mesita de luz
hoy está en el tacho.
Los
portarretratos llegan 4 meses después de vos, los imanes a la heladera se
renuevan constantemente, y ya no existe la pizzería amiga. El chino de la
vuelta siempre es un chino nuevo, y aunque se parezca mucho no es el mismo. El
ascensor, si bien todos comparten esos espejos en los que te planteas si
ponerte una bolsa en la cabeza y salir, no es el mismo.
Pero después de tanta mudanza, de tantas cajas, caja, cajita,
tacho, ya todo es igual. El chino es un desconocido, el ascensor es uno casual,
el portarretratos podría no estar nunca que nadie miraría, y así todo.
“Hasta luego” te dice el portero en su normal rutina… y vos lo
miras y decis: “nos vemos”. Mentira, no te voy a ver más. Me gustaría verte, y
seguir teniendo esas charlas básicas sobre el clima o lo loca que esta la perra
pero no. Así que si lees esto, sabe que en mi frío “nos vemos” me dan unas
ganas locas de abrazarte y decirte que un poco te quiero.
De subir de nuevo el ascensor sonreírle al espejo, buscar en
internet como se dice en chino “sos único” y correr y decirle al pibe del
supermercado que lo es. Después te planteas si era coreano, o alguna otra cosa,
pero ya esta, hiciste todo, sentite bien, y dormí en la misma cama en otro
lugar.