miércoles, 30 de mayo de 2012

Llena el vacio




Las mudanzas también tienen ese no se que… esperanzador.
Esa sensación que te llena de ilusión, como si de repente, pudieras vaciar todo, borrar todo, limpiar todo, tirar algunas cosas como el asesino perfecto sin que queden recuerdos, resaltar algunas otras aunque sea una medalla de “premio al esfuerzo” y así arrancar de nuevo.
      Un lugar vacio. Sin nada. Tu voz hace eco. Hace frió. El piso brilla y la manija tiene pinta de que todavía no te conoce, no sabe que dentro de poco le vas a dar los portazos más molestos y más lindos que vienen con ser joven.
      El placard no tiene nada, ni suciedad. La ventana está limpia, tan limpia que cuando miras a través de ella no te lleva a ningún lugar.
      Te sentas en el lugar donde supones o queres que en algún momento este tu cama. Miras las paredes e imaginas los cuadros que jamás vas a comprar, primero por vagancia, después por poco presupuesto. Visualizas la cama desarmada, la radio prendida fuerte, tu computadora apoyada en el escritorio al lado de una taza de café de la mañana, y respiras.
      Respiras porque supones que falta poco para que ese lugar vacio se haga tu lugar. Y con ese hacerse tu lugar te llenas de esperanzas que ese lugar sea un poco el lugar de la persona que queres ser y no de la persona que fuiste… y la que lamentablemente sos.

lunes, 28 de mayo de 2012

Adentro de la caja.



La vida es una caja.

      Una vez más. Una vez menos.

      Más mudanzas que mascotas, más mudanzas que hermanos, más mudanzas que series que seguí en televisión, más mudanzas que biromes que perdí este mes. Menos que libros que leí, menos que chistes que no entendí, menos de la cantidad de veces que me puse colorada.

      Las mudanzas tienen ese no se qué… de mierda. Es meter toda tu vida en una puta caja, y que además tienen que cerrar. Muchas cosas de esta vida no cierran, muchas decisiones que tomamos no cierran, ahora la caja tiene que cerrar, debe cerrar, cierra.

      Cada mudanza es más fácil son menos cosas, el tiempo hace que los recuerdos se devalúen. Souvenir de la 1° comunión de un primo sobrevivió 3, la 4ta nos pareció que ya no entraba. Boletines de primaria de todos mis hermanos, esos resistieron, pero en la 6ta fueron a parar a una bolsa negra, no la misma que antes, una que tendría un destino aún más frío si se podía. Osos de peluches… pobres, los primeros exterminados, 2da mudanza y donar, chau osos, chau barbies, chau autitos, chau todo. Frasquito de un perfume vació porque era especial ese que te lo regalo, tacho especial, que es un tacho igual que todos pero cuando despedís la basura miras con nostalgia y lo haces en slow motion.

      Eso se hace. Eso se tiene que hacer. No entra, no, no entra todo en la caja y hoy lo emotivo si quiere que venga en la memoria, sino… lola.

      La ropa de invierno, la de verano, en distintas cajas, así dependiendo de la estación las abrimos o las dejamos que se aburran durante meses para entrar en crisis cuando algún noticiero matutino barato diga por 6ta vez “día más frío del año”

      Así es, esa es la vida en la mudanza. Una caja en la que entra todo, y si no entra… chau, no entraste. Lo que antes estaba en tu mesita de luz hoy está en el tacho.

Los portarretratos llegan 4 meses después de vos, los imanes a la heladera se renuevan constantemente, y ya no existe la pizzería amiga. El chino de la vuelta siempre es un chino nuevo, y aunque se parezca mucho no es el mismo. El ascensor, si bien todos comparten esos espejos en los que te planteas si ponerte una bolsa en la cabeza y salir, no es el mismo.

      Pero después de tanta mudanza, de tantas cajas, caja, cajita, tacho, ya todo es igual. El chino es un desconocido, el ascensor es uno casual, el portarretratos podría no estar nunca que nadie miraría, y así todo.

      “Hasta luego” te dice el portero en su normal rutina… y vos lo miras y decis: “nos vemos”. Mentira, no te voy a ver más. Me gustaría verte, y seguir teniendo esas charlas básicas sobre el clima o lo loca que esta la perra pero no. Así que si lees esto, sabe que en mi frío “nos vemos” me dan unas ganas locas de abrazarte y decirte que un poco te quiero.

      De subir de nuevo el ascensor sonreírle al espejo, buscar en internet como se dice en chino “sos único” y correr y decirle al pibe del supermercado que lo es. Después te planteas si era coreano, o alguna otra cosa, pero ya esta, hiciste todo, sentite bien, y dormí en la misma cama en otro lugar.


jueves, 10 de mayo de 2012

Ping pong de silencio


-           Hola

-         

-          ¿Cómo estás?  ¿Bien? ¿Seguís inquieto?

-         

-          ¿Podes dormir? ¿Queres decirme algo? Podes…

-         

-          ¿Dónde estás? ¿Qué comiste anoche? ¿Cómo me ves? ¿Estoy más grande? Sigo midiendo casi 1,20… je, es un chiste, soy más alta.

-         

-          Bueno tampoco alta, que se yo. ¿Me ves más gorda? Puede ser. ¿Queres un mate? ¿Amargo?

-         

-          Sé que tomas mate amargo, yo también ¿sabías? Tenías razón es más rico... hasta me parece feo el dulce.

-         

-          ¿Seguro no queres? Mira que el agua está caliente, no dejes que se enfríe, es feo frío. Aunque, después de mucho estudiar ya ni el mate se siente, es todo igual. Estuve estudiando mucho esta semana, me está yendo bien, me gusta… me pone contenta

-         

-          ¿Quién lo hubiera pensado eh? Que cambios que pegue. Antes quería otro futuro ¿Te acordas? ¿Te cuento que quiero ahora?

-          ….

-          Se enfría el mate, y se está lavando ¿seguro no queres?

-         

-          No tengo problema en pararme una y mil veces a poner el agua eh, por más de que tardes en compartirlo voy a estar siempre con un buen mate. Avisame vos, aunque no hace falta, está listo siempre que quieras eh.

-          ….





Se complica hablar cuando del otro lado solo tenes una pared.

lunes, 7 de mayo de 2012

La rutina mental


"La rutina es la muerte del heroísmo."
Pelham Grenville Wodehouse


Los lunes me suelo levantar más triste que de costumbre. Suelo tener ganas de llamarte y decirte: “te extraño mucho, aparece ahora y no me voy a enojar por nada de lo que paso”

Los martes todavía tengo la voz temblorosa, esa voz de marica que me sale cuando lloro.

Los miércoles me dan ganas de no llamarte, de ignorarte, aunque eso signifique pensar todo el día en vos y en mi esfuerzo para ignorarte mientras que en vos es todo un don, es tan natural

Los jueves me pregunto qué hice, qué paso, y me cargo de responsabilidades y culpas que sin dudas no merezco

Los viernes ya con la semana terminada y las lágrimas que se transforman en puteadas me dan ganas de llamarte y mandarte algún lugar de la lora, de tu madre o de tu hermana.

Los sábados me levanto con la cabeza partida: el ritmo del viernes, el enojo y mis formas de intentar olvidarte no ayudan. Hoy sólo pienso en que pensarías vos si me vieras a la tres de la tarde tirada casi sin moverme.

El domingo pienso mucho, reflexiono, y comprendo que ya no tengo que esperar más nada, que tengo que dejar de pensar en vos, que ya te olvide, que puedo superarte, superarme, y que merezco algo mejor.

Y ahí cuando ya supere todo, me agarra el puto lunes de nuevo. El lunes con toda su angustia, con mi falsa superación destruida y ahí como una nena que pide a gritos un juguete me veo. Me veo sentada en la punta de un sillón de tres cuerpos, intentando ser lo más chiquita que la flexibilidad me permita y preguntándome hasta cuando esta semana va a ser rutina.




miércoles, 2 de mayo de 2012

General Belgrano




"Volveremos Malvinas, en los ojos llorosos de las madres que esperaron en vano aquel regreso. Volveremos Malvinas, en el viento cantando una canción de adiós en cada rosario al viento"