lunes, 28 de mayo de 2012

Adentro de la caja.



La vida es una caja.

      Una vez más. Una vez menos.

      Más mudanzas que mascotas, más mudanzas que hermanos, más mudanzas que series que seguí en televisión, más mudanzas que biromes que perdí este mes. Menos que libros que leí, menos que chistes que no entendí, menos de la cantidad de veces que me puse colorada.

      Las mudanzas tienen ese no se qué… de mierda. Es meter toda tu vida en una puta caja, y que además tienen que cerrar. Muchas cosas de esta vida no cierran, muchas decisiones que tomamos no cierran, ahora la caja tiene que cerrar, debe cerrar, cierra.

      Cada mudanza es más fácil son menos cosas, el tiempo hace que los recuerdos se devalúen. Souvenir de la 1° comunión de un primo sobrevivió 3, la 4ta nos pareció que ya no entraba. Boletines de primaria de todos mis hermanos, esos resistieron, pero en la 6ta fueron a parar a una bolsa negra, no la misma que antes, una que tendría un destino aún más frío si se podía. Osos de peluches… pobres, los primeros exterminados, 2da mudanza y donar, chau osos, chau barbies, chau autitos, chau todo. Frasquito de un perfume vació porque era especial ese que te lo regalo, tacho especial, que es un tacho igual que todos pero cuando despedís la basura miras con nostalgia y lo haces en slow motion.

      Eso se hace. Eso se tiene que hacer. No entra, no, no entra todo en la caja y hoy lo emotivo si quiere que venga en la memoria, sino… lola.

      La ropa de invierno, la de verano, en distintas cajas, así dependiendo de la estación las abrimos o las dejamos que se aburran durante meses para entrar en crisis cuando algún noticiero matutino barato diga por 6ta vez “día más frío del año”

      Así es, esa es la vida en la mudanza. Una caja en la que entra todo, y si no entra… chau, no entraste. Lo que antes estaba en tu mesita de luz hoy está en el tacho.

Los portarretratos llegan 4 meses después de vos, los imanes a la heladera se renuevan constantemente, y ya no existe la pizzería amiga. El chino de la vuelta siempre es un chino nuevo, y aunque se parezca mucho no es el mismo. El ascensor, si bien todos comparten esos espejos en los que te planteas si ponerte una bolsa en la cabeza y salir, no es el mismo.

      Pero después de tanta mudanza, de tantas cajas, caja, cajita, tacho, ya todo es igual. El chino es un desconocido, el ascensor es uno casual, el portarretratos podría no estar nunca que nadie miraría, y así todo.

      “Hasta luego” te dice el portero en su normal rutina… y vos lo miras y decis: “nos vemos”. Mentira, no te voy a ver más. Me gustaría verte, y seguir teniendo esas charlas básicas sobre el clima o lo loca que esta la perra pero no. Así que si lees esto, sabe que en mi frío “nos vemos” me dan unas ganas locas de abrazarte y decirte que un poco te quiero.

      De subir de nuevo el ascensor sonreírle al espejo, buscar en internet como se dice en chino “sos único” y correr y decirle al pibe del supermercado que lo es. Después te planteas si era coreano, o alguna otra cosa, pero ya esta, hiciste todo, sentite bien, y dormí en la misma cama en otro lugar.


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