viernes, 6 de abril de 2012

Cerca del pan





Nunca entiendo eso de: “¿esto es el mundo que les queres dejar a tus hijos?”
      No, tampoco era el mundo con el que me quería encontrar, va en realidad no conocía el mundo, entonces me conforme con este. Va, me conformaba.
      Recuerdo que mi mayor problema era el turno para saltar la soga, que me confesaba seguido, que me hacia la boluda y no ponía la mesa, que rezaba y pedía… pedía para que las cosas cambien.
      Siempre sentada en la misma silla, porque eso hacemos las familias, nos volvemos rutinarios hasta para la puta silla. Siempre en el mismo lugar, hasta que viene algún abuelo o algo así que cambia la dinámica familiar, pero si no, siempre en el mismo lugar.
      No sé cómo surgieron los lugares. ¿Fueron por orden de llegada? ¿A todos nos encanta realmente nuestro lugar? ¿O somos conformistas hasta en eso y para no amargarnos fingimos que lo elegimos?
      Que se yo. Pero ahí, en la misma silla, en el mismo lugar, con los cubiertos invertidos veía al mundo. Menem, De la Rua, Puerta, Rodriguez Saa, quilombo, muertos, hambre, asentamientos, muertos, torres gemelas, irak, afganistan, petróleo, muertos…
Todo eso y más, y yo en la misma posición, quieta, con mis cubiertos invertidos, mi lugar designado vaya a saber por quien y unas dudas que me daban nauseas.
“¿Quién mierda eligió mi lugar?” eso era lo único que quería gritar. ¿Quién eligió que yo hoy tenga este lugar en la mesa? No sé, me cambie de lugar para ver mejor, empecé a llegar antes a la cocina, a ver qué estaba pasando, quizás así, solo así las cosas puedan cambiar.
Desde la cocina se ve todo distinto. No sé si las cosas cambiaron. Sólo sé que ahora si me quejo solo lo hago de mi, que ahora,como siempre soy tan culpable del lugar que tengo en la mesa. De estar cerca del pan, y del queso rayado, de tener la posibilidad de servirme hasta las últimas gotas de jugo y pasarselo a mi hermano y decirle con esa sonrisa de que todo me vino de arriba "te toca, llenalo".

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